lunes, 4 de enero de 2010

FELIZ 2010

Hoy comienza mi año laboral. Y justo esta mañana me topé con un excelente libro, Josué. Pasé un breve tiempo viendo cómo Josué introdujo a su pueblo a la tierra prometida teniendo que pasar el Jordán para después dirigirse a Jericó.

Pues bien, no es coincidencia que Dios en este comienzo de año utilice este ejemplo para llamar mi atención.

Josué en esos momentos estaba SOLO.
El buen Moisés había muerto y dejaba un espacio vacío; un manto de dudas en el pueblo. Siempre en cualquier transición de liderazgo hay una incertidumbre y falta de credibilidad ante el novato.
Los viejos le dirán que le sobran ganas y convocarán su vacío de experiencia. Mientras que los jóvenes podrían mostrarse indiferentes y emocionales ante el Jordán.
Por estas conjeturas, y me imagino que muchísimas más, el joven Josué debía únicamente escuchar la voz de Dios y obedecerla. Lo hizo y se vieron los resultados.
Pero lo más importante para mi es que como Josué, yo debo pararme frente a distintos "Jordanes" en mi vida y decidir. SIEMPRE, me van a criticar y buscarán desestabilizarme, probarme. Aún así, no estoy para demostrarle a nadie algo, simplemente debo pararme y dar el paso... duélale a quién le duela. Finalmente, el paso lo doy para mi Señor.

Esto además es trascendental para mi vida diaria.
Josué estaba con un millón de personas a sus espaldas, se escuchaba el seseo constante de la multitud, el barullo era inclemente ante el desespero de muchos que llevaban 40 años perdiendo su tiempo en el desierto. A la orilla del río algunas familias estaban aprovisionándose de agua, otras estaban alimentando sus bestias, quizás algunas bebían del mismo mientras que el insignificante novato tenía que decidir prontamente qué hacer. Algunos líderes estaban dispersos entre la multitud, otros seguían pidiendo consejo, más aún, algunos podrían estar llevando quejas o pidiendo soluciones a Josué sobre su día a día.

Josué estaba en una situación estresante, mucho más que las que vivimos algunos de nosotros en el trabajo. Sin embargo, el tomó su tiempo, y abrió un cápsula de para silenciar a la multitud ante sus oídos y permitir que únicamente el susurro firme de Dios le hablara. Finalmente esa es la actitud que debemos tener siempre. Es útil buscar momentos a solas con Dios, no esperar un retiro o campamento espiritual y tomar la decisión del momento para seguir hacia lo prometido.

¿Escuchas demasiadas voces?... entra a la cápsula.
¿No tienes tiempo para tomar la decisión?... entra a la cápsula.
¿Es una decisión demasiado importante?... entra a la cápsula.
¿La experiencia te ha llevado a saber qué hacer ante este paso?... entra a la cápsula
¿... bla, bla, bla...?... Entra a la cápsula, pero no te quedes ahí, ¡Camina!.

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